martes, 17 de enero de 2012

El regalo de boda...

Al poco tiempo de que mis padres se encontraran y mi madre quedará en cinta de mí , mi padre volvió a embarcarse rumbo a Persia para continuar con su estirpe de comerciante en la ruta de la seda. Eran ciertas todas esas historias que mi madre había escuchado en noches frías, sobre los pueblos nómadas del desierto, que viajan a los largo de sus vidas en busca siempre de nuevos horizontes.

Mi madre era una gitana pura, sus antepasados habían llegado a España desde las Indias, adentrándose por toda Europa. Ella conocía bien sus propias tradiciones, que compartía con mi padre además del color dorado de su piel. Pero ahora, mi madre no tenía elección, debía dejar partir a mi padre... y esperar que otra noche de luna nueva...Los ojos de fuego del hombre del desierto iluminaran de nuevo la vida de la gitana morena. Ahora, mi madre, estaba embarazada. Su destino estaba ligado al mío.

Pasaron los meses y después los años, mi madre espero siempre a mi padre pero nunca doblo las piernas para sentarse, ni dejó de bailar siempre que la miraba un gitano apuesto...Pasaron muchas estaciones ante sus ojos...Un día, un día cualquiera, un hombre negro gigantesco con la apariencia de un mono y el cuerpo de un coloso apareció ante la puerta de la casa de mi madre. Portaba un caja de metal con muchos sellos de las aduanas de diferentes países. Le hizo entrega de la caja a mi madre y partió sin decir palabra.

Mi madre sonrió sin querer y su corazón se aceleró en el pecho como el aleteo de un pájaro. Dentro de la caja había una tiara digna de una diosa maya. Estaba hecha con oro tostado del Perú y engarzada con piedras preciosas de los cinco continentes. Ágatas, lapislázuli y turquesas brillaron ante los ojos fascinados de la gitana. La tiara se complementaba con un tocado de las más exóticas plumas recogidas en Sri Lanka durante el apareamiento de los papagayos reales que habitan en los bosques centenarios.

En el fondo de la caja, un trozo de papel viejo que rezaba:

"Gitana, este es tu regalo de bodas. Siempre que la lleves puesta acuérdate de la noche que hicimos el amor y yo toque tu alma que es azul y muy ligera.
Eres mi gran amor y por muy lejos que me encuentre, nunca consigo olvidar tu bravura, tu calor en el lecho y tu inmensa ternura.
Un hombre que te ama, sólo eso, Omar."

Esa noche mi madre bailó con su corona de reina a la luz del fuego. Hizo el amor con con otro hombre con los ojos cerrados y en sus labios un susurro...¡Omar...mi amor! ¡Mi moro de la morería!...



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