Sabía que aquello era imposible...He estado el suficiente tiempo vagando por esta existencia para saber cuando algo es imposible, la vida eterna te deja mucho tiempo para pensar. Como todo, tiene sus ventajas e inconvenientes, mucho tiempo libre y muchas horas para observar todo aquello que discurre a tu alrededor. Me había acostumbrado a vivir así, a ser un monstruo de la noche, he visto los siglos pasar ante mis ojos con sus miserias y sus glorias, sin que nada haya cambiado demasiado desde el principio de los tiempos.
La ventaja de ser un condenado es que no puedes tener sentimientos, no puedes arrastrar pasiones ni resentimientos porque duran una eternidad y es demasiado duro. Nunca creí que esto pudiera pasarme a mí. Soy vampira desde que tengo uso de razón, me convirtieron cuando era sólo una adolescente y no he conocido más vida que esta.
Nunca creí que pudiera pasarme esto a mí. Nunca pensé que mi corazón, que no late desde hace miles de años, pudiera sentir amor, nunca creí que alguien como yo pudiera enamorarse.
Pero ocurrió, y me ocurrió como al más común de los mortales, sin darme cuenta, sin que pudiera evitarlo...Todo comenzó una noche de luna llena, en uno de mis paseos nocturnos; las noches de luna llena son mis favoritas, ya que la luz en estas noches es lo más parecido a sentir el resplandor del sol en mi piel insensible y mortecina.
Esa noche paseaba tranquila, ocultándome entre las sombras, sólo quería sentir el viento frío de la noche y escuchar los sonidos profundos y desconocidos fáciles de percibir para mi oído super desarrollado. Al principio no le vi, sólo intuí su presencia, su olor, un olor viejo y penetrante, un olor de animal asustado que busca refugio, que esconde su miedo detrás de de su caza nocturna con la esperanza de que el sabor de la carne le devuelva algo de tranquilidad a su maltrecha alma.
Fue extraño porque no me puse en guardia, ni siquiera desplegué mis colmillos afilados duros como la obsidiana, sólo se me aceleró el corazón, un corazón que no late se aceleraba, aquello era nuevo, aquello no tenía sentido, pero algo cambió en ese momento, me sentí viva otra vez...¡Viva! la sangre parecía correr caliente por mis venas secas y malditas desde hace generaciones. Entonces le vi.
Fue sólo un instante, vi su rostro reflejado por la luz de la luna, era hermoso a pesar de su transformación; y a través de sus ojos inyectados en sangre pude ver la soledad de su espíritu atormentado como el mío. En un primer momento se puso en guardia por si tenía que atacarme, pero los malditos se reconocen entre ellos y supo que mi carne, muerta desde hace siglos, sería una cena indigesta para aquella noche.
Me quede inmóvil, observando sus ojos rojos que se clavaron en mis ojos amarillos, nos miramos por una eternidad que duró un segundo, y puedo asegurar que en aquel mismo instante mi corazón latía vertiginosamente y sentí de nuevo las manos y los pies calientes como cuando estaba viva.
No tenía mucho tiempo, sé mucho sobre hechizos y sé que su magia se esfuma pronto. Aquel lobo hombre o hombre lobo solitario me había hechizado y me tenía en su poder. Sentí miedo, un miedo profundo e intenso, una vieja sensación que retorno a mi interior, el miedo de cuando era humana. Desde entonces había luchado en mil batallas y había matado a cientos de hombres sin pestañear. Pero ahora, de repente era vulnerable de nuevo, vulnerable al arma más mortífera jamás conocida, vulnerable al AMOR.
Quise que me atacara, que me mordiera, que se abalanzara sobre mí, sólo para sentirle cerca durante un instante. Pero él seguía allí, invóvil, mirándome con sus ojos de lobo e intentando comprender porque aquello que olfateaba en el aire, aquello que yo desprendía de mi cuerpo sin vida, aquello que está prohibido para los seres de la noche, aquello que desde tiempos inmemorables los hombres llaman AMOR.
Creo que él también estaba asustado, demasiado incluso para un hombre lobo, supe que iba a marcharse. Así que antes de que se perdiera en la noche de aquel día que para mí se convertiría en una noche eterna, use mi telepatía sabiendo que los hombres lobos también la tienen y le trasmití dos palabras, solamente dos: TE AMO.
Una nube surca la luna llena y se oscurece todo, después él ya no está, sólo queda el olor de su piel, el brillo de sus ojos y mi corazón destrozado. En la lejanía escucho un aullido que me hace temblar. Sé que nunca volveré a verle, sé que nuestras vidas se cruzaron sólo en ese momento. Sin embargo han pasado 200 años y no me he movido. Estoy en el mismo sitio donde le encontré. Cada noche de luna llena regreso a ese claro del bosque y cierro los ojos esperando sentir su zarpa en mi cuello y sus colmillos junto a los míos.
Esa noche empezó mi condena. Esta sí es una condena eterna, la del amor perdido con toda una eternidad por delante. Ahora salgo a cazar mucho menos, respeto mucho más a los seres humanos porque sufro lo que ellos sufren, porque ellos también aman.
Al fin y al cabo, ahora soy mucho más humana de lo que podríais creer, al fin y al cabo la capacidad de sentir amor es lo único que te hace ser... un ser humano.
Mañana es 1 de noviembre, noche de luna llena. Allí estaré...
malaflor
miércoles, 31 de octubre de 2012
lunes, 15 de octubre de 2012
Para Souhiel de lo que queda de Malachavala...
En los albores del nuevo comienzo…
Y suena Elvis Presley en mi equipo de música en el ocaso del
año 2012, y el Rey yo bailamos una vez más por los amores perdidos y por los
ganados. Yo me aprieto en su regazo y él me susurra al oído ”…you are
always en my mind…lonely lonely time…”
No es una cosa fácil levar un corazón negro en un cuerpo de hombre
blanco…avatares del destino…caprichos del vivir.
He dedicado toda mi vida a amar desesperadamente, como en
los amores de las canciones, pero también con la belleza de los amores reales.
Esos duelen más que los imaginarios. Esos son de verdad. Los de las cruces en
el pecho, los de los volantes salpicados de sangre de corazones desenamorados,
los de las coplas, los de los tangos, los de los boleros y también los fados.
Los amores de mujeres que bailan desnudas a la luz de las estrellas y de
hombres misteriosos que cubren su rostro con los colores de los cielos.
Por un costado se me caen los sentimientos, como si ya no pudiese
llevarlos conmigo. Por el otro costado me coso las carnes con una aguja de oro
y voy construyendo un dibujo que se parece a una filigrana árabe. En el ocaso
del año 2012 me encuentro enamorada por tercera vez. Y más sola que nunca.
No he tenido aún palabras para cantar las bondades de mi
gran amor. No me quedaba saliva porque durante este tiempo transformaba todo el
agua de mi cuerpo en lágrimas. He tenido que decírselo todo con los ojos, y con
un fino hilo de plata que sale de mi pecho y se engancha al suyo. Es un hilo
muy fino, el viento, la furia y la tormenta tiran de él para romperlo. Pero es
el hilo de plata más fuerte del mundo.
Mi amor es sabio. Conoce las lecturas de los cielos, las
palabras que dibujan las arenas y los mensajes de los vientos. Conoce la luz de
los amaneceres y el brillo de las estrellas. Su amor tiene plumas blancas,
azuladas en las puntas. Mi amor tiene en los ojos la luz de todos los desiertos
y su piel es del color de los atardeceres. Al caminar salen de sus pies chispas
de estrellas que proclaman su nombre. Tiene una risa que mueve el mundo, y
cuando te mira a los ojos todo se llena de esperanza.
En el ocaso del año 2012, me enfrento a mi oscuridad en mi
casa de mentira. Los techos y las paredes se me caen encima llenándome de
desesperación. Yo me siento a esperar y mirando al cielo, confío. Resisto a
duras penas, pero con valentía. Se me caen las lágrimas sin querer y se ha
terminado el papel higiénico. Sólo la luz de mi amor atraviesa la distancia
para salvarme de la noche oscura del alma…me acuna y me abraza sin la presencia
del cuerpo, pero siento como me protege la fortaleza de su alma.
Para Souhiel…de lo que queda de Malachavala.
domingo, 5 de agosto de 2012
De como llegué a Estambul...y me convertí en una bucanera.
¡Cómo me dolió tu filo en el pecho! Y eso que llevaba mi armadura de oro, ese día me la había puesto por si acaso, olvido ponérmela muchas veces porque me pesa demasiado. Pero esa estocada era demasiado certera, mi armadura se fundió como la mantequilla ante el filo de tu lejanía. Nada pudo hacer el oro azteca para protegerme. No hay protección posible para las heridas que te acarician por fuera y te sangran por dentro. Vas a sufrir seguro.Y eso lo sabía.
Primero intenté protegerme la cara, para no desfigurarme demasiado, pero todo el dolor se concentró en el corazón, y llevé mis manos al pecho en un intento reflejo de contener la explosión que hace un corazón humano al romperse en mil pedazos.
Miré mis manos que intentaban contener un río de sangre desbordado, que manaba de mi pecho y lo llenaba todo de un rojo profundo y brillante. La sangre cubrió todo mi cuerpo, resbalándome por la espalda y por las piernas. Era cálida y parecía palpitar. Empece a marearme y me caí al suelo. Mis manos seguían apretando mi pecho y ahora parecían ayudarme las manos de unos seres invisibles. Pero la sangre no dejaba de brotar, y al tiempo que abandonaba mi cuerpo, a un ritmo lento y pausado, aparecía ante mí tu rostro, tu sonrisa y tus manos apretando mi cuerpo tembloroso.
Había música dentro de mi cabeza. Me vi sonriendo y bailando por los caminos, me vi tiritando en noches oscuras y mi cuerpo desnudo irradiaba una luz blanca en el negro de la noche. Me vi derramando lágrimas durante cien lunas. Vi como la tierra me tragaba y me llevaba hasta sus entrañas, donde el fuego me forjaba una armadura nueva.
Tenía los ojos cerrados y el corazón me palpitaba en el pecho como si fuera a salírseme, espere a que me reventara. Abrí los ojos y miré mi cuerpo. Tenía un agujero en el pecho del que salía tu nombre. Espere un poco más a ver si me moría. Pero nada. El agujero ahora me dolía más que la sangre. Era un dolor vacío y desolador. Era una pieza que me habían sacado, algo que siempre iba a faltarme, un vacío, un hueco. Me pregunte cómo puede vivir alguien con un agujero en el pecho? Cerré los ojos otra vez y te vi de nuevo.
Yo estaba delante de tí, sin armadura y con mi agujero en el pecho y mi corazón sangrante. Pero estaba guapa, mi pelo ondeaba al viento y de mis ojos salían chiribitas. Llevaba ropajes de seda y pulseras en manos y pies de plata de Rhikarka. Tú te acercaste a mí. Llevabas mi corazón en la mano. Era de madera y tenía una llama flameante, estaba remachado con incrustaciones de plata mexicana.
Observe por un segundo mi corazón en tus manos. Pensé que era un buen sitio para estar. Quise dejarlo allí para siempre. Pero tú me lo devolviste, me dijiste..."No tengas miedo" y te marchaste, caminando despacio, dejándome sola, con mi corazón en la mano.
La sangre manaba ahora con más fuerza y era roja y brillante como los rubíes al sol. Mire el agujero de mi pecho otra vez. Era profundo y oscuro. Me introduje el corazón sin pensar. Tenía demasiados remaches, pero eran hermosos y pensé que aún podría funcionar. Otro estallido de dolor me invade, y después un golpeteo por dentro, el calor de la plata al fundirse, todo comienza de nuevo...
Desperté y el corazón me latía en el pecho. Era un latir algo ronco y desacompasado, pero parecía tener cierta armonía, y tenía fuerza...y latía...La sangre se me había secado en el pecho y había creado un dibujo, una herida de guerra, de esas que ni se curan, ni se cierran del todo.
Había dormido durante tres días y tres noches en los que había tenido visiones y sueños premonitorios. Nada podía asustarme ya. Miré mi rostro ante el espejo, casi no me reconocí, pero vi los ojos de un guerrero.
Esa misma noche zarpé en un carguero con destino Estambul, convencí al capitán con mis dotes de persuasión femenina y unos cuantos kilos de plata que le prometí al llegar a mi destino. El capitán vio la herida en mi pecho y una sombra pareció surcarle el rostro..."Esa es una herida de guerra ¿ Acaso has combatido cuerpo a cuerpo?"
Antes de abandonar el camarote me giré sobre mis talones, clave mis ojos en los suyos...y le dije suavemente...a tí que te parece... ...Salí de su camarote dejando un rastro de sangre...
Fotografía tomada el día de mi partida, 3 de agosto del 2012
Con mi armadura puesta...
Primero intenté protegerme la cara, para no desfigurarme demasiado, pero todo el dolor se concentró en el corazón, y llevé mis manos al pecho en un intento reflejo de contener la explosión que hace un corazón humano al romperse en mil pedazos.
Miré mis manos que intentaban contener un río de sangre desbordado, que manaba de mi pecho y lo llenaba todo de un rojo profundo y brillante. La sangre cubrió todo mi cuerpo, resbalándome por la espalda y por las piernas. Era cálida y parecía palpitar. Empece a marearme y me caí al suelo. Mis manos seguían apretando mi pecho y ahora parecían ayudarme las manos de unos seres invisibles. Pero la sangre no dejaba de brotar, y al tiempo que abandonaba mi cuerpo, a un ritmo lento y pausado, aparecía ante mí tu rostro, tu sonrisa y tus manos apretando mi cuerpo tembloroso.
Había música dentro de mi cabeza. Me vi sonriendo y bailando por los caminos, me vi tiritando en noches oscuras y mi cuerpo desnudo irradiaba una luz blanca en el negro de la noche. Me vi derramando lágrimas durante cien lunas. Vi como la tierra me tragaba y me llevaba hasta sus entrañas, donde el fuego me forjaba una armadura nueva.
Tenía los ojos cerrados y el corazón me palpitaba en el pecho como si fuera a salírseme, espere a que me reventara. Abrí los ojos y miré mi cuerpo. Tenía un agujero en el pecho del que salía tu nombre. Espere un poco más a ver si me moría. Pero nada. El agujero ahora me dolía más que la sangre. Era un dolor vacío y desolador. Era una pieza que me habían sacado, algo que siempre iba a faltarme, un vacío, un hueco. Me pregunte cómo puede vivir alguien con un agujero en el pecho? Cerré los ojos otra vez y te vi de nuevo.
Yo estaba delante de tí, sin armadura y con mi agujero en el pecho y mi corazón sangrante. Pero estaba guapa, mi pelo ondeaba al viento y de mis ojos salían chiribitas. Llevaba ropajes de seda y pulseras en manos y pies de plata de Rhikarka. Tú te acercaste a mí. Llevabas mi corazón en la mano. Era de madera y tenía una llama flameante, estaba remachado con incrustaciones de plata mexicana.
Observe por un segundo mi corazón en tus manos. Pensé que era un buen sitio para estar. Quise dejarlo allí para siempre. Pero tú me lo devolviste, me dijiste..."No tengas miedo" y te marchaste, caminando despacio, dejándome sola, con mi corazón en la mano.
La sangre manaba ahora con más fuerza y era roja y brillante como los rubíes al sol. Mire el agujero de mi pecho otra vez. Era profundo y oscuro. Me introduje el corazón sin pensar. Tenía demasiados remaches, pero eran hermosos y pensé que aún podría funcionar. Otro estallido de dolor me invade, y después un golpeteo por dentro, el calor de la plata al fundirse, todo comienza de nuevo...
Desperté y el corazón me latía en el pecho. Era un latir algo ronco y desacompasado, pero parecía tener cierta armonía, y tenía fuerza...y latía...La sangre se me había secado en el pecho y había creado un dibujo, una herida de guerra, de esas que ni se curan, ni se cierran del todo.
Había dormido durante tres días y tres noches en los que había tenido visiones y sueños premonitorios. Nada podía asustarme ya. Miré mi rostro ante el espejo, casi no me reconocí, pero vi los ojos de un guerrero.
Esa misma noche zarpé en un carguero con destino Estambul, convencí al capitán con mis dotes de persuasión femenina y unos cuantos kilos de plata que le prometí al llegar a mi destino. El capitán vio la herida en mi pecho y una sombra pareció surcarle el rostro..."Esa es una herida de guerra ¿ Acaso has combatido cuerpo a cuerpo?"
Antes de abandonar el camarote me giré sobre mis talones, clave mis ojos en los suyos...y le dije suavemente...a tí que te parece... ...Salí de su camarote dejando un rastro de sangre...
Fotografía tomada el día de mi partida, 3 de agosto del 2012
sábado, 9 de junio de 2012
No recuerdo ni un solo dia an Africa en el que al despertar no me haya sentido completamente feliz...
Escribo desde un teclado de ordenador que tiene las letras desordenadas, al menos para mi, en un lugar del mundo donde los libros se abren del reves, yo misma parezco estar del reves con la cabeza en el suelo y los pies en el cielo. Mi reloj marca las 2: 47 minutos de la tarde; a mi alrededor solo arena y el fuego del Sahara. No es calor lo que aqui se siente a esta hora del dia, es la mano de Ala que toma la forma de un sol inmenso, que llena el cielo de un resplandor blanquecino que es imposible mirar para los ojos de los hombres mortales. Parece como si Dios enviase este calor a estos confines del mundo como el unico balsamo capaz de apaciguar el encendido caracter de las gentes arabes; y solo este fuego divino que desprende el cielo y se extiende por las arenas, parece secar las lenguas parlantes de estas gentes, ricas en fe y sabiduria, pero escasas en compasion cuando de sobrevivir se trata.
Hay muchas moscas pero no vuelan. Se arrastran por el suelo como si les hubieran arrancado las alas; hace mas calor arriba que abajo y ellas lo saben. Asi que prefieren caminar como tristes monigotes con sus fragiles patitas, aun a riesgo de ser aplastadas por los pies de los hombres, a los que en otros tiempos torturaban con su incesante zumbido.
De como llegue aqui y de porque ahora aqui me encuentro, es una historia muy larga y muy corta a la vez. Podria contarla en 1000 paginas o en una sola. En esta ocasion solo utilizare una palabra, la mas hermosa de todas: AMOR.
En la casa en la que habito vivimos 9 personas; un perro y un gato. Yo vivo con la familia Boughan El Khabir; que podriamos traducir como el vuelo brillante del pajaro.
Los nombres arabes son hermosos en sonoridad, pero aun mas en su significado; y siempre contienen informacion de las personas a las que designan, y tarde o temprano, comprobaras que te sera de utilidad.
Hay un padre Mabrouk, que es conocido con el sobrenombre de Doctor del alma, al que muchas personan visitan en viernes para contarle sus penas y alegrias; y recibir consejo; La madre se llama Netja, nujer regia de origen Bereber, fuerte y poderosa, se la conoce con el sobrenombre de La Leona, y no es de extranar dado su caracter y su capacidad de amar y proteger su familia.
Los hijos son cinco, de sucesivas edades desde los 22 anos hasta los 6, son dos hembras y tres varones: Bhusra; Habib; Aldemalik, Nur y Souhiel, del que estoy perdidamente enamorada.
Tambien esta yomma, abuela en dialecto bereber, una anciana de setenta anos con el rostro surcado por las arenas, una risa cantarina, y unas manos suaves cono las de una nina, que parecen no haber conocido el trabajo, y que sin embargo, durante cuarenta anos han labado las sabanas de los turistas que se alojan en hoteles de 5 estrellas y que conocen el desierto a traves de las ventanillas de los todoterrenos con aire acondicionado. Las manos de yomma son un regalo de Ala por haber sido una buena musulmana, segun ella misma me cuenta.
Todos duermen, imposible hacer otra cosa a esta hora del dia, pero yo no puedo. Bastante tengo con poder respirar y sentir los latidos de mi corazon; que bombea sangre caliente y que me transforma en otra cosa, en otra persona, mientras voy mudando lo que queda de una piel vieja que llevo pegada al cuerpo; como suelen hacer las serpientes por estos confines del mundo...
Fuera no se escucha nada; solo el crepitar de la arena y el canturreo de un hombre devoto, que lee versiculos del Coran que son transportados hasta mis oidos por un viento inexistente.
Ala el Grande; Ala el Todopoderoso; Solo hay un unico Dios en la tierra; su nombre es Ala y en el mundo solo acontece lo aue El quiere...
Quiza fue solo eso, fue la voluntad de Ala la que movio los hilos de mi destino, tejiendo el dibujo de un mapa en mi corazon, que ha dirigido mis pasos hasta este lugar inospito y maravilloso, para encontrar un tesoro en el desierto... un amor, un amor tierno y brillante en los ojos de un hombre con un nombre que solo se pronunciar cuando lo digo desde el corazon...un amor sencillo y fuerte...un amor verdadero.
Ahora solo confio. Inshala, Inshala, Inshala...Jandula.
PD: Perdon por la falta de acentos y los errores pero el teclado tambien es bereber
Hay muchas moscas pero no vuelan. Se arrastran por el suelo como si les hubieran arrancado las alas; hace mas calor arriba que abajo y ellas lo saben. Asi que prefieren caminar como tristes monigotes con sus fragiles patitas, aun a riesgo de ser aplastadas por los pies de los hombres, a los que en otros tiempos torturaban con su incesante zumbido.
De como llegue aqui y de porque ahora aqui me encuentro, es una historia muy larga y muy corta a la vez. Podria contarla en 1000 paginas o en una sola. En esta ocasion solo utilizare una palabra, la mas hermosa de todas: AMOR.
En la casa en la que habito vivimos 9 personas; un perro y un gato. Yo vivo con la familia Boughan El Khabir; que podriamos traducir como el vuelo brillante del pajaro.
Los nombres arabes son hermosos en sonoridad, pero aun mas en su significado; y siempre contienen informacion de las personas a las que designan, y tarde o temprano, comprobaras que te sera de utilidad.
Hay un padre Mabrouk, que es conocido con el sobrenombre de Doctor del alma, al que muchas personan visitan en viernes para contarle sus penas y alegrias; y recibir consejo; La madre se llama Netja, nujer regia de origen Bereber, fuerte y poderosa, se la conoce con el sobrenombre de La Leona, y no es de extranar dado su caracter y su capacidad de amar y proteger su familia.
Los hijos son cinco, de sucesivas edades desde los 22 anos hasta los 6, son dos hembras y tres varones: Bhusra; Habib; Aldemalik, Nur y Souhiel, del que estoy perdidamente enamorada.
Tambien esta yomma, abuela en dialecto bereber, una anciana de setenta anos con el rostro surcado por las arenas, una risa cantarina, y unas manos suaves cono las de una nina, que parecen no haber conocido el trabajo, y que sin embargo, durante cuarenta anos han labado las sabanas de los turistas que se alojan en hoteles de 5 estrellas y que conocen el desierto a traves de las ventanillas de los todoterrenos con aire acondicionado. Las manos de yomma son un regalo de Ala por haber sido una buena musulmana, segun ella misma me cuenta.
Todos duermen, imposible hacer otra cosa a esta hora del dia, pero yo no puedo. Bastante tengo con poder respirar y sentir los latidos de mi corazon; que bombea sangre caliente y que me transforma en otra cosa, en otra persona, mientras voy mudando lo que queda de una piel vieja que llevo pegada al cuerpo; como suelen hacer las serpientes por estos confines del mundo...
Fuera no se escucha nada; solo el crepitar de la arena y el canturreo de un hombre devoto, que lee versiculos del Coran que son transportados hasta mis oidos por un viento inexistente.
Ala el Grande; Ala el Todopoderoso; Solo hay un unico Dios en la tierra; su nombre es Ala y en el mundo solo acontece lo aue El quiere...
Quiza fue solo eso, fue la voluntad de Ala la que movio los hilos de mi destino, tejiendo el dibujo de un mapa en mi corazon, que ha dirigido mis pasos hasta este lugar inospito y maravilloso, para encontrar un tesoro en el desierto... un amor, un amor tierno y brillante en los ojos de un hombre con un nombre que solo se pronunciar cuando lo digo desde el corazon...un amor sencillo y fuerte...un amor verdadero.
Ahora solo confio. Inshala, Inshala, Inshala...Jandula.
PD: Perdon por la falta de acentos y los errores pero el teclado tambien es bereber
sábado, 28 de abril de 2012
Cuando la realidad parece un sueño...Para Mia con todo mi AMOR.
Eran más o menos la 9:35 de la mañana de un 20 de abril
cuando Mia llego a este mundo. Llovía a cantaros en una de esas primaveras que
te hace perder la esperanza de que llegue el verano.
Salí a la calle y me mojé los pies, se me había olvidado
ponerme las botas, siempre tengo problemas a la hora de elegir mis zapatos en
los momentos importantes de la vida, siempre me pasa. Pero mi cuerpo no sentía la lluvia y me
parecía vagar por cualquier lugar del mundo, muy lejos de aquí, de la acera de
enfrente de mi casa. Lo primero que hice fue comprar un ramo de flores, el más
grande que había. Cuando una mujer trae un hijo al mundo se merece un ramo de
flores, es una vieja y bonita costumbre.
Avanzaba hacía el hospital como en volandas, pero no andaba
rápido. Llegaban a mi mente y a mi corazón la presencia y la energía de mi
padre, era como si caminase a mi lado y su voz sonaba dentro de mi cabeza,
susurrándome unas palabras que yo entendí
perfectamente…”hay que ver Susi, lo que es la vida….la Raquelina
es madre…y yo tengo una nieta…” Sentía en mi corazón la presencia
fuerte y cálida de mi padre, y su mano con mi mano, puedo aseguraros que los
dos juntos hacíamos el camino. Junto a nosotros iba mi abuela, estaba muy
contenta y emocionada, tenía dos alas blancas y brillantes que movía sin parar.
Llevaba un vestido de faralaes digno de la mismísima Faraona, una peineta de nácar
y un mantón de manila con todos los colores del arco iris. Nos acompañaba en
nuestro camino, ella no andaba, parecía flotar mientras agitaba sus alas sin
parar. No paraba de sonreír y sus ojos desprendían toda la luz del universo.
Los tres recorrimos el camino, los tres juntos, yo la
primogénita y mis ancestros, que aunque ya hace tiempo que volaron de esta
vida, en este día parecían estar muy presentes en la tierra, o al menos, a mí
me lo parecía.
Llegué a la puerta del hospital y busqué la habitación
intentando contener la emoción. Intentando no llorar porque siempre lloro y
sabiendo que sería imposible.
Una vez delante de la habitación cogí aire durante un
segundo, se entreabrió la puerta un momento, nadie advirtió mi presencia, pero
en ese mismo instante vi por primera vez a mi hermana con Mia en los
brazos, sólo fue un instante pero quedó clavado en mi corazón para siempre.
Sentí toda la fuerza de ese bebé ligada
a la tierra y al cielo, sentí la fuerza de sus latidos en su pequeño pecho,
sentí su luz resplandeciente y rompí a llorar. Mi hermana tan hermosa y fuerte,
parecía una diosa, una hechicera, una guerrera. Mi hermana pequeña, ahora tan
grande…sus ojos irradiaban una luz dorada como el sol cuando traspasa las
nubes.
Miraba a mi madre, esa mujer tan maravillosa y loca, que ha
conservado la esencia de su pureza a pesar de todos los duros avatares de su
vida. Mi madre miraba a Mia como aquel que ve por primera vez la vida, sus ojos
reflejaban la ternura de un niño que mira a otro. Kake, su otra abuela, mantenía la dignidad
como una india apache, parecía un gran árbol viejo, sólido y fuerte, y sus ojos
se tornaban de un color brillante como el de las amatistas. Ella también miraba
a su hijo, Altair, mi hermano ¡Madre mía! Los ojos de Altair si que brillaban,
esos ojos donde tantas veces he visto la tierra y el cielo juntos, ahora reflejaban
toda la ternura de un corazón que siempre ha trabajado duro para amar y que
ahora recibía su recompensa. Una batería nueva.
Y yo Susana María, Malachavala, a mi me temblaba todo y me
costaba mucho mantener la compostura. Miles de sentimientos se agolpaban en mi
pecho que se hacía más y más grande. Tantas cosas he sido y vivido en este
tiempo. Todos estos años, todas esas risas y desasosiegos del vivir explotaron
de repente en mi interior y a mis pies
les crecieron raíces que me sustentaban fuerte a la tierra. En ese momento se
conectaron en mi corazón todas mis risas y mis llantos, toda mi fuerza y toda
mi debilidad y en aquel mismo instante…sentí un puño en mi pecho, me invadió
una fuerza desmedida que nacía de mi corazón, y supe que a partir de ahora
haría cualquier cosa por ese ser pequeñito y que dedicaría el resto de mi vida
a amarla y protegerla.
Sentí gratitud, una gratitud profunda que había olvidado por
la vida misma, una gratitud que llenaba mi interior de una calma desconocida y
una fortaleza sin lucha. Tomé el bebé en mis brazos, la alquimia de la vida es
poderosa, pone en funcionamiento lo mejor de nosotros mismos, lo purifica y lo
engrandece. Nos recuerda que la fortaleza no depende del tamaño, que nace en el
interior , y que la grandeza llega a la vida en un cuerpo muy pequeño. Un
regalo, un renacer hermoso.
Mia con toda la fuerza de la tierra de Raquel, con toda la
luz de las estrellas de Altair. Todo mezclado en las perfectas proporciones que
construían aquel cuerpecillo en el que habitaba un alma nueva, y que hablaba a
gritos diciendo: “Estoy aquí colegas, he llegado, vamos a rokanrolear.”
Cierro los ojos y veo a Mia conmigo, caminamos juntas de la
mano. Yo le enseño todo lo que sé; le hablo de lugares que he visto, del
desierto, los grandes ríos que cruzan la tierra; Le hablo de los elefantes, de
las jirafas y de los grandes gorilas que tienen la mirada de un hombre; de los
amaneceres y de los atardeceres en los distintos lugares del mundo. Le hablo de
las personas y le digo que allí donde habiten son todas iguales y que lo único
que poseen es un corazón como el suyo lleno de amor. Le canto coplas y
fandangos y bailo para ella, y de mis pies salen chispas y estrellas. Ella me
pregunta por sus abuelos, yo la cuento que su abuelo Julio era un pirata de
mirada profunda que recorrió los siete mares en su barco de madera; que
descubrió un paraíso muy lejano, donde los pájaros cantan y el cielo es
infinito. Le cuento que su abuelo Fernando fue un sultán que amaba la vida con
desespero, que era un hombre generoso en sonrisas y alegría de vivir, que tenía
el porte de un emperador romano y un bigote que volvía locas a las mujeres, y
le digo que siempre quiso tener una nieta como ella. Caminamos juntas, ella me
aprieta la mano con fuerza y calidez…En un momentito se para y me mira…y me
dice…”No te preocupes Malachavala, no tengas miedo, yo te voy a
cuidar…juntas vamos a luchar”
Abro los ojos y vuelvo al momento presente, al día en que
nació Mia Casal Haya…
viernes, 20 de enero de 2012
Y salté al vacío, y estaba muerta de miedo...
...sólo volando podría escapar, pero no había volado antes, lo había olvidado...Llegado este caso de vida o muerte recordé que podía volar... y salté al vacío.
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