miércoles, 31 de octubre de 2012

Amores imposibles: "la mujer vampiro que se enamoró de un hombre lobo"

Sabía que aquello era imposible...He estado el suficiente tiempo vagando por esta existencia para saber cuando algo es imposible, la vida eterna te deja mucho tiempo para pensar. Como todo, tiene sus ventajas e inconvenientes, mucho tiempo libre y muchas horas para observar todo aquello que discurre a tu alrededor. Me había acostumbrado a vivir así, a ser un monstruo de la noche, he visto los siglos pasar ante mis ojos con sus miserias y sus glorias, sin que nada haya cambiado demasiado desde el principio de los tiempos.

La ventaja de ser un condenado es que no puedes tener sentimientos, no puedes arrastrar pasiones ni resentimientos porque duran una eternidad y es demasiado duro. Nunca creí que esto pudiera pasarme a mí. Soy vampira desde que tengo uso de razón, me convirtieron cuando era sólo una adolescente y no he conocido más vida que esta.
Nunca creí que pudiera pasarme esto a mí. Nunca pensé que mi corazón, que no late desde hace miles de años, pudiera sentir amor, nunca creí que alguien como yo pudiera enamorarse.

Pero ocurrió, y me ocurrió como al más común de los mortales, sin darme cuenta, sin que pudiera evitarlo...Todo comenzó una noche de luna llena, en uno de mis paseos nocturnos; las noches de luna llena son mis favoritas, ya que la luz en estas noches es lo más parecido a sentir el resplandor del sol en mi piel insensible y mortecina.

Esa noche paseaba tranquila, ocultándome entre las sombras, sólo quería sentir el viento frío de la noche y escuchar los sonidos profundos y desconocidos fáciles de percibir para mi oído super desarrollado. Al principio no le vi, sólo intuí su presencia, su olor, un olor viejo y penetrante, un olor de animal asustado que busca refugio, que esconde su miedo detrás de de su caza nocturna con la esperanza de que el sabor de la carne le devuelva algo de tranquilidad a su maltrecha alma.

Fue extraño porque no me puse en guardia, ni siquiera desplegué mis colmillos afilados duros como la obsidiana, sólo se me aceleró el corazón, un corazón que no late se aceleraba, aquello era nuevo, aquello no tenía sentido, pero algo cambió en ese momento, me sentí viva otra vez...¡Viva! la sangre parecía correr caliente por mis venas secas y malditas desde hace generaciones. Entonces le vi.

Fue sólo un instante, vi su rostro reflejado por la luz de la luna, era hermoso a pesar de su transformación; y a través de sus ojos inyectados en sangre pude ver la soledad de su espíritu atormentado como el mío. En un primer momento se puso en guardia por si tenía que atacarme, pero los malditos se reconocen entre ellos y supo que mi carne, muerta desde hace siglos, sería una cena indigesta para aquella noche.

Me quede inmóvil, observando sus ojos rojos que se clavaron en mis ojos amarillos, nos miramos por una eternidad que duró un segundo, y puedo asegurar que en aquel mismo instante mi corazón latía vertiginosamente y sentí de nuevo las manos y los pies calientes como cuando estaba viva.

No tenía mucho tiempo, sé mucho sobre hechizos y sé que su magia se esfuma pronto. Aquel lobo hombre o hombre lobo solitario me había hechizado y me tenía en su poder. Sentí miedo, un miedo profundo e intenso, una vieja sensación que retorno a mi interior, el miedo de cuando era humana. Desde entonces había luchado en mil batallas y había matado a cientos de hombres sin pestañear. Pero ahora, de repente era vulnerable de nuevo, vulnerable al arma más mortífera jamás conocida, vulnerable al AMOR.

Quise que me atacara, que me mordiera, que se abalanzara sobre mí, sólo para sentirle cerca durante un instante. Pero él seguía allí, invóvil, mirándome con sus ojos de lobo e intentando comprender porque aquello que olfateaba en el aire, aquello que yo desprendía de mi cuerpo sin vida, aquello que está prohibido para los seres de la noche, aquello que desde tiempos inmemorables los hombres llaman AMOR.

Creo que él también estaba asustado, demasiado incluso para un hombre lobo, supe que iba a marcharse. Así que antes de que se perdiera en la noche de aquel día que para mí se convertiría en una noche eterna, use mi telepatía sabiendo que los hombres lobos también la tienen y le trasmití dos palabras, solamente dos: TE AMO.

Una nube surca la luna llena y se oscurece todo, después él ya no está, sólo queda el olor de su piel, el brillo de sus ojos y mi corazón destrozado. En la lejanía escucho un aullido que me hace temblar. Sé que nunca volveré a verle, sé que nuestras vidas se cruzaron sólo en ese momento. Sin embargo han pasado 200 años y no me he movido. Estoy en el mismo sitio donde le encontré. Cada noche de luna llena regreso a ese claro del bosque y cierro los ojos esperando sentir su zarpa en mi cuello y sus colmillos junto a los míos.

Esa noche empezó mi condena. Esta sí es una condena eterna, la del amor perdido con toda una eternidad por delante. Ahora salgo a cazar mucho menos, respeto mucho más a los seres humanos porque sufro lo que ellos sufren, porque ellos también aman.

Al fin y al cabo, ahora soy mucho más humana de lo que podríais creer, al fin y al cabo la capacidad de sentir amor es lo único que te hace ser... un ser humano.

Mañana es 1 de noviembre, noche de luna llena. Allí estaré...




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